ESE SITIO QUE NO TE PONE NADA

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Hay sitios en los que resulta imposible. No sabríamos decir por qué, pero hay lugares en los que no se puede practicar sexo. Cada uno tiene sus gustos, claro está, y además hay sitios en los que sin ser los más cómodos pueden dar mucho morbo. Hay gente a la que le gustan los lugares públicos, por aquello de la excitación que produce la posibilidad de ser pillados. Hay fantasías en cabinas de aviones, cuartos oscuros, debajo del agua, servicios de restaurantes, hasta debajo de las mesas del restaurante. Y cómo no, el coche. Tan socorrido en la juventud cuando no hay ni casa, ni dinero para un hotel. Hay gente incluso a la que le pone hacerlo en un cementerio, no sé muy bien por qué… Da igual, si hay ganas, morbo o las dos cosas juntas cualquier lugar y cualquier momento es bueno para practicar sexo.
O no… Hay sitios que no. No y no, imposible que te pueda apetecer allí, aunque se te aparezca en persona la mismísima Scarlett Johansson o se te desnude delante de ti Bradley Cooper con intención de poseerte con desbordante potencia. Ni aún así, te puede apetecer en algunos lugares: la casa del pueblo de tu suegra, por ejemplo. Allí no. O la de tu madre, que para el caso es lo opuesto. Todo el mundo lo ha hecho de joven en casa de sus padres, pero eso era otra cosa. Nos referimos a esos días de vacaciones que decides pasar con la familia en la casa familiar. Los habrá que tengan padres o suegros con chalets estupendos en alguna finca de viñedos u olivos, pero la mayoría de los mortales lo que tienen es una suegra o un padre con una casa en el pueblo. Con camas estrechas, blandas, almohadas que se deforman con sólo mirarlas, colchas de estampados que estuvieron de moda en el 83, terrazo frío como el hielo en el suelo, mantas rosas desteñidas, tapetes de ganchillo…Y así no se puede. Nosotros al menos no podemos. En quince años de convivencia nunca hemos podido. Es ésta una confesión personal que queríamos compartir, más que nada para saber si somos únicos en esto o es algo generalizado. Esos sitios en los que no se puede porque no apetece. Nunca. Lugares en los que te apetece más rezar el Rosario que cualquier fantasía sexual. Esos sitios en los que los hombres parecen tener su miembro permanentemente en agua helada y las mujeres la actitud de un eterno dolor de cabeza. Nosotros, nos hemos llegado a plantear incluso ir al cementerio del pueblo a ver si así se despertaba algún rastro de libido… Imaginad qué panorama.
¿Y vosotros tenéis algún sitio imposible? ¿La casa de tus suegros? ¿El apartamento de tu cuñado?… Queremos saber si somos raros en esto o es algo de lo más común.

BÉSENSE, HAGAN EL FAVOR

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El beso es el primer contacto sexual, el inicio de todo. Por un beso se empiezan siempre todas las relaciones. Juntar los labios y mezclar las lenguas es el primer estímulo que lo enciende todo. La gente que besa bien suele ser mejor amante, así que el beso es la primera información de lo que vendrá después, para bien o para mal. Besar es una intuición que no se aprende. Los que besan bien lo hacen desde el primer beso y besarán bien hasta el beso final. A besar no se aprende del mismo modo que no se aprende a sentir.
Sin embargo, para besar bien hay que tener ganas de besar. Cuando el beso es rutina el beso sabe a hielo. Todo se enfría. El beso fue el principio de la pareja y sin beso ha llegado su final.
Resulta que leemos una estadística sobre besos que nos sorprende. Ha estudiado a las parejas que se besan mientras mantienen relaciones sexuales y el resultado es el siguiente. Sólo el 25% de las parejas heterosexuales se besan mientras practican sexo. Qué frialdad, cielos. Y no nos malentendáis, no hablamos del sexo sin amor; sino de no concebir el beso como un ingrediente sexual imprescindible. Es verdad que la boca no se puede tener en dos sitios a la vez, pero las bocas han de juntarse muchas veces durante una relación sexual.
Los heteros lo entendemos peor, porque la segunda parte de esa estadística dice que el 71% de las parejas de hombres homosexuales se besan mientras hacen sexo y las lesbianas levantan el dato hasta un 95%. No sabríamos explicar estas cifras, pero del 95 de las lesbianas al 25 de los heteros media un abismo de humedad, de sensaciones, de vida…
No queremos sacar conclusiones en este post, pero si queremos acabarlo en forma de consejo. Suave, fuerte, sutil o apasionadamente, pero bésense mucho. Háganse el favor.

OS DESEAMOS LO PEOR!

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Cuando no se odiaban parecían gente razonable. Una pareja normal con su hipoteca y sus dos hijos, su coche, su vida social y su polvo aburrido de todos los sábados. O de casi todos.
Un día se acabó la relación. Lo decidió él, pero hubiera dado igual que hubiera sido ella. Hacía tiempo que no se soportaban, así que la separación era la mejor opción.
Podría haber sido algo civilizado, pero uno y otra empezaron una competición que degeneró en una guerra macabra en la que se apuntaban tantos cada vez que uno jodía al otro. Al principio dejaron a los niños un poco al margen, pero el odio siguió cegándoles hasta que con tal de hacer daño al otro daba igual quién estuviera por el medio. Odio y más odio. Sin contención.
Os sonará la historia porque se repite demasiado, es una epidemia que está convirtiendo a demasiados hijos de parejas separadas en niños de mirada triste. No hay excusas, no valen disculpas, no os engañéis justificando vuestra mierda. Llamemos a las cosas por su nombre. Hay demasiados padres y madres malnacidos a los que da igual el dolor de sus hijos por ganar batallitas absurdas: ya sabemos que él no se ocupa nunca de los niños y que ella está siempre amenazando con lo de las visitas; que él no suele pagar a su hora o que ella no hace otra cosa que hacerle la vida imposible… Todo eso seguro que es verdad o mentira a medias. Pero no hay excusas. En el fondo el dolor de vuestros hijos os da igual porque si no haríais las cosas de otra manera. De corazón, os deseamos lo peor a los dos por generar tanto daño y tanto llanto sin lágrimas a esos inocentes a los que utilizáis para ganar vuestra asquerosa guerra.

PD: Dedicado a todos los niños que sufren por culpa del odio entre sus padres. En especial a ellos dos.

¿DEMASIADO EXIGENTES?

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Hay un video de humor que circula por Internet en el que una voz explica imitando la de un contestador todas las cualidades que ha de tener un hombre para hacer feliz a una mujer… Si lo habéis escuchado ya sabéis de lo que hablamos, pero si no, os resumimos la grabación que consiste en decenas de virtudes que ha de poseer un hombre para satisfacer a una chica. Desde psicólogo a fontanero, buen amante, comprensivo, apasionado, fuerte, sensible, gracioso, profundo… En fin, un milagro de hombre.
Sin embargo, la grabación concluye con las dos únicas cosas que un hombre necesita de una mujer para ser feliz: follar y que le dejen tranquilo.
Es simplemente un chiste, sin embargo como todos los chistes se trata de una exageración de la realidad, pero realidad al fin y al cabo.
Naturalmente ni las mujeres son tan complejas ni viven en una permanente insatisfacción; ni los hombres son tan simples ni tan fáciles de complacer. ¿O sí?
Ellas pasan la vida buscando y ellos dejándose encontrar. Lo malo es que la mayoría de veces ellos no saben muy bien qué hacer porque ellas no saben del todo lo que quieren.
Estamos hablando de tópicos, somos conscientes y admitimos críticas por ello, pero es una exageración premeditada. Las mujeres pasaron de tragar con todo a exigir hasta el límite mientras el hombre pasó de ser intocable a ser permanentemente cuestionado.
Estaría bien encontrar el término medio. Los hombres que quieren gustar viven con. una presión insoportable. Tienen que ser unos amantes de enormes cualidades con potencia y sensibilidad, fuerza y caricia en su justo punto y medida… Es cierto que las mujeres además de exigir a los hombres se han puesto el listón por las nubes a ellas mismas. Grandes madres, profesionales de éxito, guapas, jóvenes y delgadas. Todo eso y además han de encontrar al hombre guapo e inteligente que les colme de felicidad. ¡Qué estrés!
Hace no tantas décadas las mujeres buscaban un hombre trabajador y los hombres a una mujer limpia y decente. Con eso bastaba. Es posible que antes nos quedáramos cortos en expectativas, pero nos da la sensación de que ahora nos pasamos un poco con las exigencias.

¿SABER O NO SABER? ¿CONTAR O NO CONTAR?

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Lo que pasó fue esto. Nos cuenta una amiga que otra amiga le regaló un smartphone que su marido ya no utilizaba porque lo había sustituido por un nuevo modelo. Nuestra amiga (llamémosle Ana) descubrió en el teléfono algunos mensajes en los que se hacían evidentes las múltiples infidelidades del marido (llamémosle Carlos) de su amiga (llamémosle Laura). Carlos tenía al menos tres rollos distintos y Ana dudaba si contárselo a Laura. Y aquí estamos nosotros discutiendo sobre el tema.

NURIA: Creo que sí debería contárselo.
JUAN: Yo creo que no debería.
N: La verdad es que tengo alguna dudas, pero me decanto por el sí.
J: Yo no tengo ninguna duda y mi opinión es un “no” rotundo.
N: Es que no ha sido infiel una sola vez, sino varias.
J: No me parece relevante que sea infiel una o varias veces. Además, sabemos que se trata de rollos esporádicos y sólo sexuales. Es su vida privada y no lo deberíamos saber ni siquiera nosotros. Ana debería haber borrado los mensajes y no decírselo a nadie.
N: Él también debería haber sido más prudente y haberlos borrado antes de dar el teléfono. Es culpa suya que le hayan descubierto.
J: Ponte en su lugar y piénsalo. Si tú fueras Laura, ¿querrías que te lo contase Ana?
N: Yo sí.
J: Pues si quieres yo te cuento que…
N: No, eso no. Eso es otra cosa.
J: No te entiendo.
N: Creo que bajo ningún concepto se te puede descubrir. Si das lugar a que lo hagan, entonces es susceptible de ser contado.
J: Es decir, que tú no quieres saber, pero sí que te lo cuenten.
N: ¿Y tú de verdad no querrías que Ana te lo contase?
J: Yo sí querría que me lo contase.
N: ¿Entonces?
J: Yo querría que me lo contase, pero mi opinión es que no debería hacerlo.
N: Te estás haciendo un lío.
J: Pues anda que tú.
N: ¿Saber o no saber?
J: ¿Que te lo cuenten o que no te lo cuenten?
N: Yo digo que me gustaría que me lo contasen, aunque no sé si querría saber.
J: A mí me gustaría saber, pero no me parece bien que me lo cuenten.
N y J: ¿Y vosotros qué haríais? ¿Se lo contaríais a vuestra amiga? ¿Os gustaría que os lo contasen? Leemos vuestros comentarios.

#VV & #MS (Viernes Vino y Martes Sexo)

Dejadnos mezclar hoy dos secciones en Los Tacones de Olivia que en el fondo tienen que ver entre sí. Los Viernes Vino #VV y El 2 doble, que publicamos en la web de la revista Grazia. En la primera recomendamos un vino, aparte de por estar bueno, por recordarnos algún buen momento que pasamos bebiéndolo. En el 2 doble abordamos, como sabéis temas de pareja, desde discusiones por a ver quién hace hoy la colada hasta todo tipo de cuestiones relacionadas con el sexo.
Pues hoy van juntas las dos.
El pasado martes asistimos a la entrega de Los Premios Planeta, una cita a la que acudimos todos los años. Es un regalo para nosotros pasar el día en Barcelona solos sin niños desde por la mañana hasta la noche de los premios literarios. El miércoles fuimos a comer cerca de Paseo de Grazia y pedimos una botella de vino. Había poco que hacer hasta por la noche, así que podíamos dormir la siesta en el hotel, que además estaba cerquita. Le dejamos al camarero elegir y nos trajo un AltoMoncayo, que nunca habíamos probado y que está buenísimo. Ya sabéis que no somos expertos en vino, pero este nos parece muy recomendable. Comimos bien, pero bebimos mejor… Y mucho. El contenido de la botella fue menguando a paso demasiado ligero al tiempo que subía nuestra euforia. Hablamos de trabajo y de ilusiones y fantaseamos con proyectos de futuro. Como todos los escritores de España (sin excepción, lo reconozcan o no) cada 15 de octubre, fecha en la que cada año se concede el Planeta, soñamos con ganarlo algún día. Mediada la botella pensamos que en los próximos años sería posible que eso sucediera, pero cuando casi la estábamos terminando veíamos factible ganar el Planeta el año próximo. Incluso, cuando ya la habíamos terminado intentamos recordar sin éxito si habíamos mandado algún manuscrito, ya que era posible que lo ganáramos esa misma noche. Nos reímos mucho ensayando los discursos.
El vino da risa, la risa te libera, sentirte liberado te sube el ánimo, llamémosle ánimo. No vayáis a pensar que este post es un alegato a las borracheras, pero qué bien sienta perder un rato la cabeza y que todo te haga reír. Todo. Hasta la cuenta del restaurante nos hizo reír. Nos pareció barata, incluso.
Sí, nos fuimos al hotel y echamos una siesta, llamémosle siesta. Y después nos dormimos un par de horas…
Al despertar teníamos un enorme dolor de cabeza y pocas ganas de reír, andábamos justos de tiempo para arreglarnos y llegar a tiempo a la entrega de premios. Dos ibuprofenos nos ayudaron a convertirnos de nuevo en personas y cuando llegó la hora de los Planeta la resaca ya había empezado a dar paso de nuevo al recuerdo de las risas de esa misma tarde después de que cayera enterita la botella de AltoMoncayo. Eso sí, la realidad se impuso y comprobamos que esa noche no ganaríamos el Planeta porque no nos habíamos presentado. Y lo que es peor la risa se convirtió casi en llanto cuando revisamos serenos la factura de la comida en el restaurante… ¡Qué bueno es a veces perder la razón! Y hay que ver lo que ayuda el vino.

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¡QUE NO TE CUIDES MÁS QUE YO!

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Nuria: ¡Qué raro! No sé qué pasa que se me está acabando la crema de cara.
Juan: Es que te he cogido yo un poco.
N: ¡¿Cómo?!
J: Pues eso. Que te he cogido un poco de crema. Me dijiste que me debía poner antiarrugas y es lo que he hecho.
N: Sí, pero no tanto.
J: Pero si apenas me echo tres veces al día.
N: :¿Tres veces al día? No es necesario tanto. Con una vez que te pongas es suficiente.
J: Pues tú te echas tres veces al día. O más.
N:Yo soy una mujer.
J:¡Ah! Cuando yo te decía que no iba a ponerme cremas para el cutis, tú me decías que era el hombre de cromagnon y ahora que decido ponerme, es que me pongo demasiada.
N: Una cosa es que te cuides y otra muy distinta es que te cuides como una mujer.
J: Eso que acabas de decir no tiene ningún sentido.
N: Me da igual que no tenga sentido, es lo que pienso. Está bien que un hombre se cuide, pero no me gusta que acabe pasándose más horas arreglándose que yo.
J: Hay que partir de la base de que eso es imposible.
N: Pues al paso que vas tú no sé cómo vas a acabar…
J:¿Tú eres consciente de la que me estás liando por haberte cogido un poco de crema?
N: No es sólo por la crema de cara, también está lo otro…
J: ¿Qué es lo otro?
N: Pues lo de depilarte las piernas.
J: Pero si ya no me las depilo. Sólo lo hago en primavera cuando monto en bici.
N: ¿Y las orejas? Porqué también te has quitado los pelos de las orejas.
J: Pero si me lo pediste tú.
N: Ya, pero eso no tiene nada que ver… Las cremas, te depilas las piernas, te quitas los pelos de las orejas… A este paso vas a acabar haciéndote la pedicura.
J: Pues tengo hora para el viernes.
N: Ya te decía yo que esto se te estaba yendo de las manos.
J: Entonces, volvemos a los orígenes del hombre cuanto más feo…
N: No es eso, pero todo tiene un límite.
J: Y según tú, ¿dónde está ese límite?
N: Que lo digan los lectores. Preguntemos.
J: Dale, dale…
N: ¿Os gusta que un hombre se cuide en “exceso”? ¿Os parece atractivo un hombre que se ponga más antiarrugas que vosotras? ¿Qué se haga la manicura, la pedicura, la cera?… ¿Que se depile las cejas? ¿Que…
J:Para, para. Que yo no hago todo eso. Que yo lo único que he hecho es ponerme un poco de tu crema.
N: Sí, pero por algo se empieza.
J: En fin, lo mejor será que la gente deje sus comentarios.

BRAGAS BLANCAS DE ALGODÓN

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De vez en cuando tampoco está mal dejar a un lado la sofisticación y excitarse con la normalidad de a diario. Nos explicamos. Está bien un liguero, un taconazo, un labio rojo y un conjunto de ropa interior con transparencias. Claro que sí. Y para ellos, un buen traje, una corbata de seda y un zapato italiano. Vestirse bien, perfumarse sutilmente y salir a cenar a un buen restaurante inspira y motiva a una pareja a mantener relaciones sexuales cuando llegan a casa. Es un buen plan para el viernes o el sábado…
Pero hay una normalidad de andar por casa que si se observa con atención puede ser también muy excitante. La seda es indiscutible, pero el algodón tiene su punto. Las transparencias son muy sugerentes, pero la comodidad de lo doméstico puede ser irresistible.
Claro que bajar la cremallera de un vestido de noche es motivador. Y desabrochar botón a botón la camisa de él para descubrir su pecho… Pero no nos digáis que bajarle el vaquero a ella y descubrir su ropa interior blanca de algodón puede tener mucho morbo; él con un pantalón ancho y esos calzoncillos “cómodos” tiene algo de animal que puede cambiarte el paso.
Un liguero puede ser maravilloso, pero esas bragas de oferta el pack de tres por tres euros del súper puede ser irresistible. Seguro que tu chico estará guapísimo con esa camisa tan cara, pero puedes encontrarle morbo con la camiseta de publicidad que le regalaron en el Burger King.
Y hablando de comida… Una mariscada con vino blanco no puede ser más sugerente, pero a ver quien supera esa hamburguesa doble con Coca cola y patatas fritas que os coméis en la cocina… A todo se le encuentra su punto si hay pasión.
Qué más da que sea de seda o algodón si lo importante es el deseo que tienes de arrancarle la ropa.

LA OTRA

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Frivolicemos. Ser “la otra” tampoco está tan mal. Hay un montón de coplas que hablan del sufrimiento de esas mujeres que no comparten cama a diario con él, pero si lo pensamos bien eso de ser “la otra” está lleno de ventajas. Podría hacerse extensivo a ser “el otro”, que también existe aunque es una figura más reciente en nuestra sociedad y por tanto menos literaria.
Ser “la otra” es estar casi siempre en el mejor momento. Con “la otra” él siempre es seductor, se esfuerza por ser mejor amante, es tolerante, comprensivo, quiere estar guapo y casi siempre baja la tapa del váter. El riesgo de ser “la otra” es serlo durante demasiado tiempo porque si empieza a coger confianzas y pide un cajón en tu apartamento estás perdida. En ese momento, todo puede empezar a complicarse. A “la otra” hay que verla en los hoteles y hay que irse de viaje con ella de fin de semana a los congresos que se hacen en París. Si se empiezan a compartir lavadoras dejas de ser “la otra” y ya no sabrás ni lo que eres.
Has de saber algunas cosas si quieres ser “la otra” próximamente. Él te dirá al principio que su matrimonio está roto desde hace tiempo, que ya no puede soportar ni un minuto más a su mujer, que quiere empezar una nueva vida…
Después de un tiempo el discurso variará levemente y te dirá que no quiere estar con ella, pero que está buscando el mejor momento para decírselo. Has de saber que ese momento nunca llegará porque siempre tendrá que esperar a que los niños terminen el colegio, después a que pasen las vacaciones de verano, después las de Navidad…
Finalmente, en la última fase, te dirá que en el fondo la quiere, que no puede hacerla sufrir, que los niños son aún pequeños si lo son; o que tienen que acabar la Universidad si son mayores…
Es bueno tener esta información para no llevarse a engaños, ni hacerse ilusiones. Todo va a seguir igual y sinceramente es mejor que así sea. Sácale partido a esa situación de privilegio que es ser “la otra” y no hagas caso a la coplas que hablan de sufrimiento… Frivolicemos.

UNA EXPERIENCIA REVELADORA

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A veces creemos que ya lo sabemos todo, que no queda espacio para la sorpresa cuando de repente descubres algo que te abre un montón de posibilidades. Pasa en muchas facetas de la vida y por supuesto en el sexo.
Cuando ya se tienen unos años se llega a un punto en el que tienes bastante claro aquello que más te gusta y lo que menos suele hacerte disfrutar. Si tu vida ha sido más o menos intensa sexualmente y has tenido experiencias de distintos “estilos” y con distintas personas, parece que ya no quedan cosas por descubrir. Pues no.
Los que nos conocéis bien, sabéis que nosotros no damos consejos. Lo primero porque nos falta preparación para darlos y no somos quienes para hacerlo. Además, lo que le funciona a una pareja a otra puede resultarle una experiencia fallida. Todo el mundo es mayorcito como para que nosotros les digamos lo que tienen que hacer.
Eso sí, hay algunas prácticas que nos parecen interesantes que queremos exponer aquí y si os despierta curiosidad pues allá vosotros si queréis investigar y probar.
Una de esas prácticas es el Tantra. Para los que ya hayáis experimentado esta técnica oriental sabréis que se trata de un universo tan amplio que es difícil hasta definirlo para poder entender de qué se trata en un solo post. Ni siquiera lo vamos a intentar, entre otras cosas, porque estamos muy lejos de ser expertos en esta materia. Sin embargo, os aseguramos que adentrarse en esta forma de sexualidad oriental e investigar sobre ella es una experiencia sensacional. Para los hombres, las mujeres y las parejas. Juntos o por separado.
Es cierto que al principio cuesta un poco porque nuestro concepto del sexo es occidental, muy físico y el tantra roza aspectos de meditación, más espirituales. Eso sí, una vez entendido y practicado, poco a poco se van descubriendo nuevas formas de placer de una enorme intensidad. No es posible aquí entrar en más detalles, además hay un montón de bibliografía a la que es sencillo acceder para los y las que estéis interesadas. Lo que sí os aseguramos es que el tantra es una experiencia muy reveladora y sorprendente en todos los sentidos.
En el fondo, es de lo que se trata. De sorprenderse y comprobar que siempre hay tiempo para conocernos mejor, para sentir y disfrutar más. Cada uno con aquello que más le guste y abiertos a descubrir nuevos caminos para lograr placer. ¿Creéis que ya lo sabéis todo? Si es así, disfrutadlo, pero si no, no dejéis de investigar. La vida y el sexo son lugares inagotables.