Nuria: Sería conveniente reflejar los horrores más frecuentes que se producen en la cama.
Juan: ¿Horrores o errores?
N: Las dos cosas.
J: ¿En plan guerra de sexos?
N: No, pero la verdad es que vosotros cometéis más errores que nosotras. Eso es evidente.
J: ¿Tú crees?
N: Estoy segura. Por ejemplo, ¿Has visto tú alguna vez a una mujer hacerlo con los calcetines puestos?
J: Yo he visto de todo, pero no personalicemos… Es verdad que algunas veces en medio de la pasión se nos olvida quitárnoslos, pero vosotras tampoco sois siempre tan cuidadosas.
N: ¡No compares!
J: Mucho os molestan los calcetines, pero cuando nosotros os quitamos la falda y nos encontramos unas bragas color carne se nos cae el alma a los pies.
N: Es que hay veces que son necesarias para que no se transparenten por debajo de la ropa.
J: Justifica lo que quieras, pero si hablamos de horrores, las bragas color carne es uno de los más notables.
N: Peor es que el calzoncillo lleve algún roto, o los calcetines alguna patata. ¿Qué os cuesta comprobarlos antes de salir de casa?
J: ¿Pero tú con qué tipo de hombres te acuestas?
N: ¿No decías que no hay que personalizar?
J: Otro error-horror que habría que reflejar son los olores excesivos.
N: En eso estamos de acuerdo, pero yo en eso he tenido buena suerte. Habrán sido como hayan sido, pero los hombres a los que he conocido han sido más o menos limpios.
J: ¿Más o menos?
N: El otro día leí en algún sitio que la operación bikini de los hombres es cortarse las uñas de los pies. Con eso te lo digo todo.
J: Eso es un chiste muy tópico.
N: Si tú lo dices.
J: Yo me refería a los olores excesivos, como cuando os echáis tanto perfume que casi no se puede ni respirar. O lo de las velas.
N: ¿Qué velas?
J: Las aromáticas. Que algunas veces con ese empeño de crear un buen ambiente en la alcoba entre las velas y el incienso allí no hay quien pare.
N: ¡Qué sensible!
J: Por no hablar de vuestros “complementos”.
N: ¿Complementos?
J: Eso mismo. Te vas a la cama con una chica creyendo que es alta, que tiene el pelo largo, una noventa de pecho, una mirada profunda… y cuando se empieza a quitar cosas aparece su hermana fea.
N: ¡Qué exagerados sois los hombres! Debe ser por eso que aumentáis siempre tres o cuatro centímetros a la realidad.
J: ¿Exagerados? Entre los zapatos de plataforma, el sujetador de relleno, que cuando lo quitas no hay nada debajo, las extensiones de pelo, el maquillaje, las pestañas postizas… Vamos, que a la mañana siguiente no hay ni rastro de la chica con la que ligaste la noche anterior.
N: Y vosotros, que no dejáis el móvil ni cuando estáis en plena faena. “¡Disculpa, es que es una llamada importante!”.
J: Y vosotras con ese empeño que tenéis en hablar después de haber acabado. Si ya no hay nada que decir.
N: Eso es otro tópico.
J: Es la verdad. Como lo es también ese empeño en que nos quedemos en la habitación después de terminar.
N: ¿Y adonde tienes que ir con tanta prisa?
J: Pues a mi casa.
N: ¡¡¿¿Perdona??!!
J: Esto, eh, bueno… Quiero decir que… vamos, en general, me refiero.
N: Claro, claro.
J: En fin, todos cometemos errores.
N: ¡Y horrores!

















